sábado, 30 de julio de 2016

¡OJALÁ! HUBIERA MUCHOS PROMETEOS QUE ROBARAN!…


Esta semana nos reintroducimos en el teatro griego clásico. Esquilo, con su “Prometeo Encadenado” nos reúne otra vez para debatir esos temas tan viejos como interesantes… La Mitología… el teatro de esos griegos que nos querían explicar el mundo, los dioses y los hombres con espectáculos gráficos, bellos, cortos y pedagógicos…
Aparece el poder, la venganza, los hijos que destronan a los padres, los castigos que parecen eternos y “el destino que siempre es una serpiente que se devora  a si misma”… El que sabe lo que va a ocurrir es alcanzado por su profecía…

Pero, especialmente reconocemos a Prometeo por ser ese titán semidiós inmortal y comprensivo que nos regaló el fuego a los pobres e ignorantes mortales…

Y según lo que entendamos por “el fuego” todo un mundo de símbolos y sentidos se nos abre  en nuestra conciencia…
Si atendemos a este párrafo que aparece en la obra en la primera mitad… el fuego es algo mas que un poco de calor y lumbre…

¡Ojalá! hubiera muchos Prometeos que robaran las grandes cantidades de comida que no necesitamos y se las dieran a los que se mueren de hambre….

¡Ojalá! hubiera muchos Prometeos que robaran las mantas y los ropajes que no necesitamos y se lo repartieran a los que desnudos andan en el frío…

¡Ojalá! hubiera muchos Prometeos que robaran las casas y apartamentos que no se emplean y los cedieran a los que no tiene mas que nubes y estrellas todas las noche de sus vidas…

¡Ojalá! hubiera muchos Prometeos que robaran las medicinas que se nos caducan sin usar y con ellas sanaran a tantos cuerpos que solo saben de dolor y enfermedad…

¡Que no estoy hablando de política!… estoy pensando en el mito griego de Prometeo… o Robin Hood o no sé qué…


Bueno te pongo una cita… igual si te lees la obra te aclaras un poco mas… y apaga un poco la tele… que tu cerebro se atrofia con tanta basura…

“PROMETEO:
-No creáis que mi silencio nace de debilidad o de orgullo; pero una idea me destroza el alma, viéndome ultrajado de esta suerte, porque ¿quién sino yo aseguró a esos dioses nuevos sus prerrogativas? Pero sobre este punto no diré más, pues sabéis muy bien lo que podría decir. Escuchad, en cambio, las miserias de los mortales, y la manera como, de niños que eran, he hecho de ellos seres inteligentes, dotados de razón. Si lo refiero aquí, no es para denigrar a los humanos, sino para mostraros los beneficios que recibieron con mis dones. En el principio ellos veían sin ver, escuchaban sin oír, y semejantes a las imágenes de los sueños, vivían su larga existencia en el desorden y la confusión. Nada sabían de las viviendas construidas con ladrillos endurecidos al sol; no sabían labrar la madera, y vivían bajo tierra, como las ágiles hormigas, en lo más escondido de cavernas donde no penetraba la luz. No había para ellos señal segura ni del invierno ni de la florida primavera ni del fértil verano; todo lo hacían por instinto, hasta el día en que les instruí en la difícil ciencia de las salidas y los ocasos de los astros. Siguió después la de los números, la más importante de las ciencias que para ellos inventé, así como la composición de las letras, memoria de todas las cosas, madre de las Musas. También fui el primero que uncí al yugo a los animales salvajes y los sujeté al arnés o al jinete, para que supliesen al hombre en los más rudos trabajos, y uncí al carro los caballos dóciles al freno, ornamento de la vana opulencia. Nadie sino yo inventó los vehículos de alas de lino, en los cuales surca el marino los mares. ¡Y el desventurado que tantas cosas supo inventar para los mortales, no sabe hoy descubrir el secreto que le libere de sus miserias presentes!”



Escrito por: Javier  Morera

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