martes, 15 de mayo de 2018

¿CREES EN LOS SUEÑOS QUE SE CUMPLEN?



El 9 de noviembre de 1818, nacía en Oriol, Rusia, Iván Turguéniev. Un escritor del romanticismo ruso, menos conocido que esos famosos de los grandes libros como Pushkin (1799-1839), Gogol (1809-1852), Dostoyevski (1821-1881), Tolstoi (1828-1910)… Pero también un gran escritor que con su vocación europeísta y renovadora intento la culturización del mundo de su tierra y de su época…

Esta semana, en nuestra tertulia de literatura nos dedicaremos a uno de sus pequeños relatos, “Un Sueño” en el que nuestro autor nos relaciona sus sueños con sus retajos biográficos y nos hace pensar en encuentros misteriosos y circunstancias casuales que parecen destinadas a cumplirse y nos desorientan en la realidad para hacernos pensar en otros mundos y otras casuísticas menos fáciles de protocolarizar con las coordenadas cartesianas que Kant (1724-1804) nos dejó para entendernos entre el espacio y el tiempo…

Para incitarte a la lectura de este curioso cuento, te pongo el inicio del capitulo primero:

“Yo vivía entonces con mi madre en una pequeña ciudad del litoral. Había cumplido diecisiete años y mi madre no llegaba a los treinta y cinco: se había casado muy joven. Cuando falleció mi padre yo tenía solamente seis, pero lo recordaba muy bien. Mi madre era una mujer más bien bajita, rubia, de rostro encantador aunque eternamente apenado, voz apagada y cansina y movimientos tímidos. De joven había tenido fama por su belleza, y hasta el final de sus días fue atractiva y amable. Yo no he visto ojos más profundos, más dulces y tristes, cabellos más finos y suaves; no he visto manos más elegantes. Yo la adoraba y ella me quería”…

También es muy cercano a muchos de nosotros un fragmento del capitulo segundo, donde el autor se nos identifica como un lector intenso…

“Mi madre había concentrado en mí todos sus pensamientos y su solicitud. Su vida se había fundido con mi vida. Este género de relaciones entre padres e hijos no favorecen siempre a los hijos… Suele ser más bien nocivo. Por añadidura, mi madre no tenía más hijo que yo… y los hijos únicos, por lo general, no se desarrollan adecuadamente. Al educarlos, los padres se preocupan tanto de sí mismos como de ellos… Eso es un error. Yo no me volví caprichoso ni duro (una y otra cosa suele aquejar a los hijos únicos), pero mis nervios estuvieron alterados hasta cierta época; además, tenía una salud bastante precaria, saliendo en esto a mi madre, a quien también me parecía mucho de cara. Yo evitaba la compañía de los chicos de mi edad, en general rehuía a la gente e incluso con mi madre hablaba poco. Lo que más me gustaba era leer, pasear a solas y soñar… ¡soñar…! ¿De qué trataban mis sueños? No podría explicarlo…

Si te ha gustado, si tienes unos pocos minutos, léelo… es sorprenderte y tiene relación con otros escritos de otros autores… pero eso lo hablaremos el jueves… Y comenzamos a celebrar el 200 aniversario de este buen escritor…
¿Crees en los sueños que se cumplen?





Escrito por: Javier Morera

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